Hasta el siglo XIX esta leyenda había prevalecido sobre la historia, y se dudaba acerca de la existencia de esta ciudad.
Según el mito, todo comenzó cuando Paris, hijo de Príamo, rey de Troya, rapta a Helena, esposa de Menelao, rey de Esparta.
Homero cuenta que los estados griegos, liderados por Agamenón, embarcaron en mil naves, llevando un poderoso ejército a la guerra. Los griegos asediaron la ciudad durante diez años, hasta conquistarla.
En obras como la Odisea y la Ilíada podemos encontrar los antepasados de la literatura fantástica. En ellas Homero nos habla de personajes sobre los que se debate su verdadera existencia, héroes que, si bien no son semejantes a los descritos por el poeta, podrían haber luchado en esta guerra. En estos poemas épicos encontramos personajes fascinantes como Ulises, Aquiles, Héctor… que se desenvuelven en la batalla a merced de los designios de los dioses.

A todos ellos hay que añadir uno, que sí existió, y que ha tenido una gran relevancia, ya que sus descubrimientos le han hecho ganarse un puesto de honor en medio de todas estas leyendas. Es Heinrich Schliemann, un comerciante alemán que, guiado por una ciega fe en Homero, logró hacer callar a todos aquellos que un día se burlaron de él.
Schliemann creía que Troya no era una fantasía de Homero, sino que había existido realmente. Y para demostrarlo invirtió una gran parte de su fortuna. El resultado de su empeño no pudo ser mejor: Schliemann descubrió, no una Troya, sino ocho.
El problema ya no estaba en saber si Troya había existido realmente, sino en determinar cuál de las ocho ciudades descubiertas por el alemán (ciudades construidas unas sobre otras) era la Troya a la que hacía referencia Homero.
Aquí os dejo un video sobre este extravagante personaje que constituye el punto de unión entre el mito y la realidad de la guerra de Troya.









